Halloween (2018): los monstruos son reales

Halloween (2018): los monstruos son reales

'Halloween' regresó: la amada franquicia del género de terror y slasher está de vuelta con una propuesta que busca ir más allá de la violencia explícita, con un fuerte simbolismo a su alrededor, explorando el concepto de los monstruos en la realidad. Te invitamos a leer nuestro análisis aquí.
07 de Noviembre, 2018 | Por Néstor García


SPOILERS ADELANTE

"¿Podría ser posible que un monstruo haya creado a otro?". Halloween (2018) explora esta premisa, en una sólida película del género slasher, y que, contrario a lo que pude haber imaginado en un inicio, decidió tomar un fuerte enfoque psicológico, presentando de nueva cuenta a Laurie Strode, con una actitud más dura y resiliente como consecuencia del desorden de estrés post traumático que sufrió en su adolescencia, y al asesino psicópata que fue el causante de este desgarrador evento, Michael Myers.

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Es difícil en ocasiones encontrar buenas películas dentro del género, que vayan más allá de simples sustos, o sangre y muerte sin sentido. Me alegra que Halloween se planteara la idea de ir más allá, presentando nuevamente a una protagonista como Laurie con bases en la vida real, consciente del trauma que sufrió al enfrentar a Michael Myers 40 años atrás. Ella se encuentra en un estado de alerta sin fin, aún sin encontrar la paz que tanto necesita después de los trágicos eventos ocurridos en Haddonfield. Laurie vive una vida en reclusión, con un pasado lleno de relaciones personales fallidas y un severo caso de alcoholismo, preparándose día tras día para el momento en el que tenga que enfrentarse nuevamente ante el psicópata que destruyó una gran parte de su persona.

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Ella debe ser una de las protagonistas más fuertes que he visto en tiempos recientes dentro de una película del género del terror, yendo de la mano con Ana en Ana y Bruno o con Estrella en Vuelven. A pesar de las grandes adversidades que ha tenido que sufrir, ha tratado de valerse por sí misma para absolutamente todo, demostrando un fuerte grado de resiliencia al poder sobreponerse a la pesadilla que Myers personificó cuatro décadas atrás. Ciertamente puedo encontrar una gran atracción por personajes llenos de virtudes y defectos, y en este caso, fue gracias a Laurie, interpretada magníficamente por Jamie Lee Curtis, que esta historia me transportó a su universo por completo, de inicio a fin.

Con un Michael Myers que parece haberse convertido en un mito urbano con el paso de los años, sólo algunas personas pueden reconocer la terrible oscuridad que él alberga en su persona: una bestia descomunal que no se detendrá ante nada, una horripilante personificación de la maldad en su estado más puro. Colocando todo en una perspectiva que apunta a la realidad que vivimos, alguien como Myers resulta en una horrible pesadilla, capaz de mantenernos alerta y en un estado de inseguridad y ansiedad constante. Myers es todo aquello que ha detenido a Laurie de seguir adelante, retratado en un asesino incapaz de mostrar compasión o alguna emoción humana con sus semejantes. Michael Myers es no sólo la pesadilla de Laurie, sino de una gran parte de nosotros como sociedad, de la posibilidad de saber que somos capaces de encontrar un ciclo de violencia sin fin en aquellos que nos rodean, e incluso, en nosotros mismos. Michael Myers es la personificación de un tumor maligno que poco a poco, infecta por completo a la sociedad que lo rodea.

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La banda sonora de la película tiene un toque de misterio y desolación muy marcados, siendo capaz de transmitir tantas emociones y sensaciones por sí misma. Creo que esto me quedó perfectamente claro en cuanto Laurie ve a Michael partir del Hospital de Rehabilitación Smith's Grove. Todos los recuerdos, la experiencia, el trauma, el dolor que sufrió hace 40 años estaba de vuelta, y frente a sus ojos, el causante de tan terrible experiencia estaba por partir. El monstruo que le dio vida a la parte que más detesta de sí misma estaba frente a sus ojos, y ella no podía hacer nada en absoluto más que sentir desolación, impotencia, rabia y miedo. Laurie es un personaje bastante complejo, y son increíbles las conclusiones que pueden resultar con apenas unos minutos de la cinta, siendo esta la mejor escena de la película desde mi punto de vista.

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El final tiene un simbolismo muy doloroso: mientras Michael Myers arde en un fuego abrasador, observamos cómo es que la casa comienza a quemarse por completo. Una pequeña toma de una casa a escala, aparece frente a nuestros ojos. El único refugio, la única certidumbre con la que Laurie había podido contar en su vida desde aquel trauma, la traumática vida de Laurie, se convertía lentamente en cenizas frente a sus ojos, como última alternativa para detener a aquel monstruo que, para mal, le ayudó a definir una gran parte de su personalidad. Laurie tiene que despegarse de la que fue su vida por 40 años, como último remedio para salvar a las pocas personas que aún ama en este mundo y siguen con vida: ella decidió vivir en un lugar que no era nada más que una trampa para acabar con aquel monstruo que tanto daño causó hace 40 años, un espectro inmortal que vivirá con ella hasta el final de su vida.

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Laurie Strode ciertamente es un personaje con una personalidad impresionantemente definida, y eso es lo que la hace una protagonista con quien podemos identificarnos. En la actualidad, sabemos de casos que nos erizan la piel por su terrible maldad sin explicación, y que nos hacen sentir vulnerables y llenos de miedo al darnos cuenta de que, a diferencia de la ficción, son reales. Strode es un ejemplo, incluso si un poco extremo, de que no podemos detenernos simplemente por ese miedo, hay que defendernos y luchar por nosotros y aquellos que nos rodean y amamos. Laurie Strode es el ejemplo perfecto de la resiliencia que debemos ganar ante las adversidades, enfrentando los problemas cara a cara, sin ceder ante aquella maldad indescriptible, capaz de devorar nuestra seguridad y terminar con nuestra vida.

Laurie Strode puede enseñarnos que no hay que ceder ni rendirnos ante nuestros miedos más profundos, por más dolorosos que estos sean.

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