Reflexión de media noche: ¿por qué caemos?

Reflexión de media noche: ¿por qué caemos?

Y así, con el paso del tiempo, nos golpeamos con una pared. Caemos, y quedamos aturdidos por un rato, que dependiendo de nosotros, puede ser un parpadeo o una eternidad. Tomas decisiones, y podrías salir lastimado. 'Pero mucha mierda en la vida duele. Supéralo. Es para mejor.' Comencemos noviembre con una nueva reflexión.
02 de Noviembre, 2018 | Por Néstor García


"¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos." Batman Inicia es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, estando a lado de cintas como Blue is the Warmest Colour, Birdman, Logan, Jacob's Ladder o Hacksaw Ridge. Cada una es muy distinta de las demás, pero unidas, me han ayudado a forjar muchas ideas. Unidas, han retado mi forma de pensar y han traído a mi vida nuevas formas de ver las cosas: esperanza, aceptación, dolor, paz, alegría, lucha por un bien mayor. Todas y cada una de ellas tiene sus propias particularidades, y eso las hace muy especiales para mi.

Para aprender a levantarnos.

Hasta hace algunos años, viví conteniendo y albergando la mayoría de mis emociones únicamente para mi. Contuve todo lo que sentía, por miedo a ser juzgado como alguien débil. Y quien sabe: quizá era débil. Tal vez hoy en día lo siga siendo. Pero ya no veo eso como algo de lo que deba avergonzarme, ya no lo veo como algo que deba ocultar. Ahora creo que puedo superarme y hacerme más fuerte con cada nuevo día que tenga la posibilidad de vivir. Física, mental, y emocionalmente, puedo ir un paso más allá, por más pequeño que sea.

Ya he tocado el desarrollo del apartado físico y el aspecto mental con anterioridad, incluso si de cierto modo creo que he hablado de estos en una combinación. Hoy quiero charlar del aspecto emocional. No soy un conocedor de la materia, y no podría ser capaz de dar un juicio con completa certidumbre sobre lo que voy a escribir a continuación, así que supongo que esta entrada será formada por, más que otra cosa, las palabras que brotan de mi mente, como pequeños destellos que surgen a partir de mi propia experiencia de vida. Podría pensar únicamente en los mejores momentos, los instantes más felices, pero también he aprendido mucho de los momentos más dolorosos que he afrontado. Ambos van de la mano, como buenos maestros y amigos. Pero bien, veremos qué puedo plasmar en las siguientes líneas.

Hace muchos años tuve un gran miedo al rechazo de mi entorno a mi persona. "Es que no me va a querer hablar después". "Es que no creo que me diga que sí". "Es que me da mucha pena". "Es que" por aquí, "es que" por allá. Pretextos que nacían como explicaciones lógicas y con perfecto sentido para la misma persona que las creaba. Pero no puedes mantenerte al margen por siempre. Hoy puedo decir, que de saber lo que conozco hoy, voluntariamente habría decidido no mantenerme al margen mucho tiempo atrás. Pero no fue hasta conocer de primera mano el valor, la responsabilidad y el poder de la honestidad (por más que suene como el tío Ben), que conseguí entender esto. Ser honesto te libera de una forma que jamás hubiera imaginado.

No se trata de hacer las cosas porque te dicen que así lo hagas. Porque en ocasiones creemos que tenemos la suficiente experiencia, y la verdad es que no tenemos ni idea de lo que hacemos; pero como también diría Mark, a quien usualmente cito en mis reflexiones, jamás tengas miedo de eso. "Pórtate bien para que no te regañen (sin importar que estás levantando la voz por una causa justa, al menos, para ti)". "No le digas nada, si no ya no va a querer que seas su amigo (porque las amistades condicionales seguramente son muy importantes, ¿no?)". "No no, espérate, sigue el plan N313 y ya verás cómo sale contigo (aunque por dentro seas una bomba de ansiedad y una completa farsa que se va a revelar lentamente)". "No te metas, no es asunto tuyo (y quizá, podrían tener razón)". Sonará un poco irónico, pero estas reflexiones de media noche realmente sólo son eso: pensamientos para tratar de comprender la realidad que vivo y nos rodea. Podrán contener un par de consejos aquí y allá, pero el único que ha tenido certeza de las mismas en su totalidad, soy yo. Y así es con cada uno de nosotros. Hay cosas que das totalmente por ciertas que, para mi, no son así. Y eso está bien. Nos ayuda a forjar nuestra personalidad y nuestra realidad.

Para aprender a levantarnos.

El hecho de sentirnos liberados con la honestidad, no significa que estaremos libres de dolor. Al contrario: en ocasiones podrías sentir una inmensa cantidad de dolor, tal que pensarás que nunca se irá. Pero se va. El dolor se despedirá de ti, y te encontrarás nuevamente en paz. Y seguirás adelante. De nueva cuenta, recalcar que no hablo de condiciones fisiológicas en estas reflexiones. Me refiero más al aspecto emocional que está dentro de nuestro control; quizá esté de más la aclaracíon, quizá no, pero bueno.

¿Vale la pena? Si me hubiesen preguntado esto hace años, te diría que no. Porque puede dejarte muy mal, con un gran vacío y una tristeza profundas, pensando, sin hacer nada más. Estancado. Te hará llorar y desear que no hubieses hecho lo que hiciste (incluso si fue con la mejor de las intenciones y de tu conocimiento). Porque claro, lo importante siempre es lo que piensen los demás, ¿no? Si nos aceptan, genial; si no, ¿por qué intentarlo?

Pero al final, uno crece, y aprende. Voltea en unos años, y puede reír de sí mismo, no como una burla, sino como una manera de aceptar su pasado con paz, alegría y humor.

¿Vale la pena? ¿Vale la pena arriesgarse a pesar del miedo, a pesar del inminente dolor y rechazo que tus decisiones traerán consigo, como parte de un estilo de vida honesto contigo y con los demás? Totalmente. No, no siempre es placentero. Pero las cosas no deberían ser siempre placenteras, así que está bien. Hay una vasta cantidad de emociones que podemos experimentar, ¿por qué aferrarnos a aquello que nos hace sentir contentos siempre?

Así que, si hoy tomas una decisión arriesgada, ¡felicidades! Puedes verlo como un fracaso si lo deseas, o con otros ojos: como el hecho de que conocerás la verdad. Sabrás la realidad de las cosas, de la situación, y podrás decidir qué hacer: ¿es tiempo de continuar tu camino? ¿esperar un momento más? ¿o quizá una opción nueva surja repentinamente ante tus ojos? No lo sabrás hasta que no tomes la decisión: tu decisión. Y lo más valioso será saber que actuaste con la mejor de las intenciones, y no contuviste lo que sentías dentro de ti. De verdad tengo esperanzas de que seas una persona capaz de distinguir los límites personales que otros coloquen en su vida. Cualquier decisión que tomes, nunca hay que olvidar el respeto por todos y todo lo que nos rodea. Por favor no olvides esto.

Para cerrar, sólo queda recordar que, sea cual sea el resultado, siempre podemos caer. Y en ocasiones vamos a caer.

¿Y por qué caemos? Para aprender a levantarnos.

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