Reflexión de media noche: una verdad insostenible

Reflexión de media noche: una verdad insostenible

Valoramos la honestidad, pero en ocasiones es difícil aceptar la verdad, especialmente cuando viene de uno mismo. La reflexión de media noche de hoy busca ser un pequeño análisis de lo que hay detrás de cada uno de estos momentos: hora de dar un vistazo al lado más crudo de la honestidad, uno que en ocasiones no nos gusta afrontar y aceptar.
26 de Agosto, 2018 | Por Néstor García


¿Por qué me gusta escribir reflexiones? Hace muchos años, trataba de buscar respuestas a preguntas y dilemas que parecían no tener fin. Cada reflexión que he escrito está ligada con lo que pienso, mayormente, en el presente. Conforme han pasado los años, con un poco más de conocimiento y madurez, he aprendido a dejar a un lado las respuestas y la certidumbre, para dar paso a la búsqueda de más preguntas que puedan ayudarme a formar mi propio camino (o eso es lo que me digo, claro). ¿Miedo a lo que depara el futuro? ¿Un constante pensamiento que no otorga perdón, a pesar de que la vida es una montaña rusa? ¿Sentimientos de impotencia por el trato inhumano de quienes están en el poder, alimentados por la corrupción? ¿Razones para vivir? ¿La razón por la que amo la navidad? ¿Un encuentro cercano con la fragilidad de la vida misma? Hay de todo en esas reflexiones, y espero que sigan existiendo más temas para el futuro cercano.

Escribir sobre ellas no es agradable siempre, pero me ayuda a expresar mis emociones, y me sirve para conectar con alguna persona que quizá está viviendo alguna situación similar. No me ha sido fácil aceptar que, con cada reflexión, probablemente estoy entrando a lo que pudo ser un abismo; pero también, si he de ir hacia ese abismo, trato de llevar un poco de luz y paz, necesarias para vivir en calma conmigo. He encontrado mucho fango. Pero ya nada trata de sumergirme, ni devorarme entre sus fauces.

En ocasiones, cuando nos preguntan, algunos de nosotros decimos que valoramos la honestidad. Y esto bien podría ser cierto. Total o parcialmente. Tras escuchar un breve diálogo directamente de Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty, tomé unos minutos conmigo para darme cuenta que, quizá, he valorado sólo la honestidad parcialmente en muchas ocasiones importantes de mi vida. ¿Honestidad parcial? Creo que uno es honesto, o no lo es. Y tragar esta píldora no es sencillo.


A partir del minuto 09:30

- Raiden, también hay razones detrás de tu selección. Solidus crió a muchos niños soldados. ¿Quiéres saber por qué te elegimos sobre ellos?
- ¿?
- Fue porque eras el único que rechazaba reconocer el pasado. Todos los demás recuerdan lo que eran, y pagan por eso diariamente.
- Pero tú le diste la espalda a todo lo que no te gusta. Hace lo que sea que te guste, ves únicamente las cosas que te gustan, y para tí solamente.
- Sí -- Rose puede dar fe de ello.
- Tú rechazaste verme por lo que era. Te mentí, pero quería ser atrapada. Tú fingiste ser comprensivo, ser un caballero... Jamás hiciste un intento consciente por acercarte a mi... La única vez que lo hiciste fue cuando no te di otra opción más que hacerlo...
- Sólo trataba de no...
- ¿Qué? ¿Tratabas de no lastimarme? Querido, ¡el único al que tratabas de no lastimar era a ti! ¡Evitando la verdad bajo la apariencia de amabilidad es todo lo que hiciste! No se te ocurrió hacer nada más que ver por ti. Incluso si dices que fue por mi bien, ese sentimiento no se veía por ningún lado. Al final, todo fue por tu bien... Nunca fui parte de la imagen.
- Jajaja... exactamente.

En últimos días, comencé a pensar fuertemente sobre hasta qué punto he sido honesto con la gente que aprecio, puesto que es aquí donde hay una conexión más delicada y personal que con otras personas. En algunos casos he tratado de ser tajante; en otros cuantos, no. El detalle es con estos otros casos. Aprecio la honestidad, pero no porque me haga sentir bien, sino porque es capaz de presentar un fragmento de la realidad tal cual es. Imparcial. Recuerdo casos en los que no hablé con sinceridad por temor a lo que las personas fuesen a pensar, por el ridículo que haría al expresar mis pensamientos, por lo extraño y fuera de lugar que me sentiría. Temía ser sincero por pensar que perdería algo o alguien que, probablemente, nunca conocí realmente. Jamás pensé que quizá, lo que podría perder estaba tan condicionado como ese pensamiento, algo artificial nacido del miedo, de la necesidad. Me conformé con "no ser tan honesto", a cambio de mantener bajo control una ilusión que para mi, parecía real. La ilusión del control. La ilusión de que no dices la verdad por querer convivir en paz con los "amigos". La ilusión que dan las palabras para no lastimar o molestar a alguien, cuando a quien no quieres herir realmente es a ti. "No ser tan honesto". Con esto no hay medias tintas. Tomas una postura u otra, y aceptas las consecuencias.

Porque resulta que todo esto sucede por decisión propia. Es nuestra responsabilidad. No se trata de poner al mundo contra nosotros. Simplemente no existió la voluntad de actuar. Estuvo la oportunidad, pero no se aprovechó, y es hora de afrontar las consecuencias.

No me refiero a actuar y fallar. Eso es común. Esas decisiones son valiosas, porque toman una postura, e incluso si no logran su cometido, se mantuvieron de cara frente a la adversidad. Me refiero a dejar pasar las cosas por miedo, cuando podías hacer algo bueno por ti, pero especialmente, cuando podías perder algo, mientras tratabas de vivir con las consecuencias del pensamiento y los valores que adoptaste. Dejar pasar de largo la oportunidad de entender que puedes salir del hoyo, porque eso significaría aceptar el hecho de que has estado hundiéndote desde hace mucho tiempo, y a varias personas les es difícil aceptar que las cosas no son perfectas siempre. Y mientras tanto, el fango se vuelve más espeso a cada momento...

En ocasiones, la honestidad duele, y mucho. ¿Vale la pena vivir con ese valor como guía? Cualquier opción requiere de esfuerzo, pero una demandará aceptar las consecuencias de tus pensamientos en cada paso. La otra, sólo cuando no tengas más alternativas; cuando ya no puedas seguir corriendo de ti.

Pienso que uno mismo será siempre la persona más valiosa para sí, por el hecho de que es gracias a nosotros que podemos experimentar con certidumbre la realidad que vivimos. Creo que lo menos que podemos hacer por la persona más importante para nosotros, es dar nuestro máximo esfuerzo por mejorar cada día, por vivir firmes a nuestros ideales sin importar la adversidad, en paz con nuestro entorno y con nosotros mismos, recordando que el trato, amor y respeto que otorgamos a nuestra persona y al resto, están más conectados de lo que aparentan. Lo menos que podemos hacer es dar nuestro máximo esfuerzo por vivir siendo fieles a nosotros mismos y luchando por ser mejores en cada paso que demos.

Hubo un momento durante la batalla donde dijiste que te rendías. Rendirse es un resultado mucho peor que la derrota.


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