Reflexión de medianoche: Todo regresa a la nada...

Reflexión de medianoche: Todo regresa a la nada...

… Y de la nada, nacen todas las cosas. Un mantra que exploré anteriormente y que me ayuda a dar nombre a una nueva reflexión, con motivo del Día de Muertos: ¿cuál es la razón por la que nos es difícil en ocasiones asimilar este pensamiento?

Por Néstor García | 02 de Noviembre, 2020


Esta temporada de Día de Muertos ha sido muy distinta a muchas otras. Pero a pesar de todo, algunas cosas se mantienen, incluso con el giro inesperado que el mundo ha tratado de asimilar desde finales del año pasado.

Durante Octubre, llega un día en el que, al menos por unos minutos, puedo pensar "todo está en paz"; no escucho sonido alguno, más que esas palabras en mis pensamientos. El hecho de que todo esté tan silencioso debe ser mucho más común de lo que soy capaz de percatarme, pero desde hace 9 años, después de un mal momento que pasé un domingo en aquel entonces, trato de buscar un día así en el mes, quizá como un recordatorio de la paz que sentí cuando lo necesitaba.

Con el paso del tiempo, el miedo que experimento va oscilando de un punto a otro; mientras que de niño la idea de un muñeco o payaso asesinos podía mantenerme aterrado toda la noche, hoy en día basta con sólo pensar hacia dónde se dirige mi vida, y la de mis seres queridos, las personas que me son importantes.

Por suerte y desgracia, venimos a este mundo sin un manual de lo que tenemos que hacer. Creer que lo único que tenemos que hacer para vivir en plenitud es ir a la escuela, trabajar, casarse, comprar una casa, conseguir un auto, tener hijos y ser felices en cada momento sin importar el dolor que uno sienta, puede darnos una falsa sensación de seguridad, o por el contrario, una terrible ansiedad por todo lo que no tenemos; una desgracia. Pero lo veo como una suerte en el sentido de que tenemos la posibilidad de experimentar con respecto a nuestras decisiones y elegir lo que queremos hacer con nuestra vida; ¿qué es importante para ti? ¿Escribir, pasear, estar con tu familia, trabajar? Adelante. ¿No lo sabes? Bueno, sal y literalmente, juega: descubre lo que quieres que sea importante. No hay una guía, no hay un manual, pero estás tú; experimenta y aprende.

El fin de las cosas, o el fin de la vida misma: muerte. Esta palabra es capaz de erizar la piel con tan sólo pensar en ella, pues dispara una serie de ideas en nuestra mente acerca de lo que hemos hecho con nuestro tiempo, pero más aún, lo que no hemos realizado y nos mantiene despiertos por las noches. En el peor caso, nos deja con un arrepentimiento que es capaz de consumirnos, a tal grado de dejarnos inmóviles para actuar.
Este tema fue escabroso para mi por mucho tiempo; durante mi adolescencia y tras la partida de varios seres queridos muy cercanos a mi, comprender el fin era algo imposible. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo me explico esto? ¿Acaso tiene un sentido? Pero con el paso de los años, comienzas a comprender que, aunque es un proceso difícil, es un paso natural que todos nosotros habremos de experimentar en algún momento. Es el cierre de nuestra historia, y es algo que, en su esencia, su forma, tiene un valor importante para todos nosotros y los que nos rodean. Tendremos que regresar a la nada en algún punto... Pero aún así, cuesta trabajo asimilarlo.

Hoy en día, trato de recordar que el gran dolor que he sentido con esas despedidas, me ha servido para darme cuenta de lo mucho que aquella compañía que se fue significó en mi vida. Me hace valorar la importancia de contar con alguien más para compartir un poco del tiempo que tenemos en vida, de seguir tratando de ser empático en los momentos más difíciles, y de tener presente que cada uno de nosotros ya tiene una carga de problemas detrás, sino con otras entidades, quizá con uno mismo.

En los días de octubre y noviembre, pienso mucho más en la mortalidad, y no puedo negar que me deja incapaz de conciliar el sueño por un buen rato en un mal día. Pero también pienso que cuando ese momento llegue, deseo tomarlo con aceptación, sabiendo que las decisiones que tomé en vida no fueron motivadas por el miedo a esa despedida, sino por la dicha de contar con la oportunidad de jugar y ver qué era lo más importante para mi: mi familia, mis amigos, mi persona.

Todo regresa a la nada, y de la nada, nacen todas las cosas.

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