Reflexión de media noche: Todas las cosas regresan a la nada...

Reflexión de media noche: Todas las cosas regresan a la nada...

¿Cuántas etiquetas, positivas y negativas, hemos colocado sobre nosotros por voluntad propia? ¿Qué tan a menudo pensamos acerca de la carga que hemos puesto sobre nuestros hombros? ¿Nos damos cuenta de todo el peso que esto representa para nuestra persona?

Por Néstor García | 09 de Febrero, 2020


En días recientes he habitado una sensación de apatía que, aunque no es tan severa y me permite llevar mi rutina sin mayor problema, me ha hecho cuestionarme bastante sobre su razón. No tengo completa certidumbre de que se deba únicamente a algo específico (y me parece lógico que no sea así), pero creo que hay un pilar que influye muchísimo en este sentimiento, lo cual tiene que ver con un par de nuevos reto que estaré sorteando en mi carrera próximamente.

Desde la escuela hemos podido encontrar llamados pegados a un pizarrón, quizá de parte de un profesor, y con el paso del tiempo, esto no cambia mucho: ciertas entidades están en la búsqueda de alguien con un conjunto particular de habilidades para cierta tarea específica. "Si te gusta el futbol, asíste aquí", "¿Te interesan las matemáticas? Te invitamos acá", "¿Tienes lo que se necesita? ¡Ve allá!"

En mi experiencia, cuando esto pasa, lo que hago es pensar "pues sí tengo a, b y c, pero tengo muy poco o nada de x, y o z". Y usualmente paso de largo. Si lo expandimos un poco más, esto puede llegar a cubrir toda tu vida social, incluso si en ocasiones no hace sentido en lo más mínimo, cerrando así oportunidades para nosotros que potencialmente pueden entregarnos más plenitud. Por mucho tiempo sólo pensamos que somos buenos en una sola cosa, o sólo podemos hacer algo bien en específico, o en otro sentido, que no somos buenos para nada: una sobreespecialización paralizante que puede mantenernos aferrados a comportamientos nocivos, como la desvalorización, la complacencia, el narcisismo, o el hedonismo.

Hace un par de días di con un video análisis de Zeku, personaje de Street Fighter V, y descubrí un par de ideas que me dejaron muy impresionado por las consideraciones que toma sobre la impermanencia, uno de los valores principales de la filosofía budista y que me brindó la idea y conceptos para la entrada de esta ocasión, sobre las cuales discutiré adelante.

Puedes ver el video aquí, a partir del minuto 6:22.



Shiki Soku Ze Ku

Ku Soku Ze Shiki

Todas las cosas, físicas y espirituales, regresan a la nada

Y en la nada, nacen todas las cosas


Este mantra budista describe uno de las creencias principales del budismo zen, llamado Shuniata, acerca de la impermanencia y la maleabilidad de todas las cosas.

Zeku es un maestro de artes marciales que, habiendo heredado la tradición de su estilo de lucha a un nuevo guerrero, ha decidido reinventarse, "en un sentido, regresando a la nada para poder renacer en algo nuevo", sin olvidar todo lo que ha aprendido hasta entonces, aplicando todo su conocimiento, adquirido y desarrollado, para poder superar el reto ante él. El desafío de compartir su conocimiento a una nueva generación ha sido superado, ¿y ahora? ¿Qué hay más allá? Zeku tiene que regresar a la nada, para seguir aprendiendo.

¿Con qué frecuencia regresamos a la nada? ¿Cuántas etiquetas hemos colocado sobre nuestra espalda, en un intento por establecer quiénes somos, incluso si el concepto de nuestra persona puede ser cambiado cuando factores internos y externos entran al juego (relaciones, voluntad, autoestima), fortaleciendo así el concepto de impermanencia?

Creo que es importante tener ciertas ideas sobre nosotros, sin duda, pero también, que deben ser contadas para no quitarnos la valiosa oportunidad de regresar a esa nada, aceptando así que no tenemos todas las respuestas en nuestra vida y que jamás las tendremos, sabiendo que hay un largo camino que recorrer por delante, sin tomarlo con una perspectiva completamente nihilista, perdiendo todo sentido hacia la vida, sino reconociendo es nuestra responsabilidad otorgar ese sentido a nuestra existencia, obteniendo así una libertad que en raras ocasiones tenemos oportunidad de disfrutar.

Es en la nada que somos capaces de aceptar que no somos ni debemos ser perfectos.
Es en la nada que podemos refinar nuestras capacidades y habilidades para llevar una vida plena, con los retos que hemos de afrontar por aquello que consideremos importante durante nuestra existencia. Aquí podremos adquirir nuevo conocimiento y experiencia. Y cuando estemos equivocados, sabremos el lugar al que podemos regresar: un vacío que, contrario al terror que puede generar en nosotros pensar en ello, no es sino el espacio que nos permitirá crecer y aprender, reinventándonos, recordando que tenemos un pequeño espacio para cambiar, positiva o negativamente, varios aspectos de nuestra vida.

La ansiedad, el suicidio, la depresión y muchos otros trastornos han aumentado desde hace varios años, y a día de hoy no parece que la situación vaya a cambiar en el corto plazo. La nada no puede arreglar todos los problemas del mundo, pero quizá pueda traernos un poco de paz mental en un ecosistema donde recibimos constantes golpes de información desde cada ángulo posible, siendo capaz de asfixiar todo el espacio para meditar sobre nuestra vida y nuestros pensamientos, lo que somos capaces de aprender y la fortaleza que necesitamos para sortear los problemas que la vida diaria nos arroja.

Otorguémonos la oportunidad de equivocarnos, aprender y crecer.

Todas las cosas, físicas y espirituales, regresan a la nada

Y en la nada, nacen todas las cosas

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