Una opinión más de futbol y la selección mexicana

Una opinión más de futbol y la selección mexicana

Tras los partidos ocurridos en días recientes en la copa mundial FIFA 2018, y contra todo pronóstico de la plataforma, en esta ocasión traemos una pequeña opinión enfocada en la selección mexicana de futbol, su mentalización y los resultados que ha obtenido hasta ahora.

Por Néstor García | 27 de Junio, 2018

No tenía pensado escribir sobre futbol en estos días, pero ¿por qué no? Después de los partidos de la copa mundial de FIFA de hoy, con Alemania eliminada de la fase de grupos y México dentro de octavos de final (gracias a sus dos victorias y al trabajo realizado por Corea), quiero tocar el tema desde una perspectiva distinta. No soy gran seguidor del deporte, pero puedo apreciar el gran trabajo que requiere, tanto en entrenamiento previo como en ejecución física y mental al momento de entrar a la cancha.

Desde hace años, charlando con amigos o conocidos, llegaba a salir a conversación el clásico tema del futbol, un clásico tema del que no puedes hablar si quieres "conservar a tus amigos". Si mal no recuerdo, en muchas ocasiones comentaba que me era indiferente, ¿pero por qué? Incluso si mi cara era un imán de balones cuando me tocaba cuidar la portería en la secundaria y el bachillerato, la verdad es un juego excelente y bastante competitivo, con tu comunidad y personalmente, donde la habilidad y la estrategia de los equipos ofrecen emociones y adrenalina en cada minuto, tanto para sus jugadores, como para el público presente.

Pero repentinamente dejé de verlo de forma regular, quizá por allá del 2010. ¿Qué pasó? Hoy en día sigo los mundiales constantemente (hasta la fecha apoyo al equipo de Alemania en cada torneo), pero por alguna razón, tuve un choque fuerte con la fanaticada y algunos de los jugadores más representativos del deporte (especialmente a nivel nacional, al ser más fácil para mi verlos en la televisión o apareciendo en alguna nota del periódico).

Recuerdo que, desde hace años, la victoria lograba que, en algunos casos, jugadores y seguidores se enaltecieran de una forma que no me agradaba en lo absoluto: me parecía un comportamiento que empezaba a ser altanero, una idealización de invencibilidad que cerraba las puertas a la humildad y al aprendizaje del partido, como si todo dependiese únicamente del equipo presente y nadie más, ni siquiera el contrario y su desempeño. ¿Y qué pasaba con las derrotas? Lágrimas a más no poder, un sufrimiento inhóspito en el rostro, y la indiferencia, groserías y un comportamiento tóxico de muchos "aficionados" tras la derrota de "su equipo". Las reacciones me parecían exageradas, por cualquier lado que se observe.


Después de discusiones tan emocionales, como la surgida en la entrevista entre Javier Hernández y David Faitelson, quedó claro que el grupo adoptó una mentalidad de victoria, que personalmente me pareció desmedida. La mentalización es buena y es importante, pero no es suficiente. Es necesaria también una buena técnica, y después de este partido, sólo puedo pensar en la difícil situación en la que se encuentra el equipo mexicano, física y anímicamente, para enfrentar el siguiente reto contra Brasil. La victoria contra Corea fue augurada por muchas personas, y aunque el resultado contra Alemania fue una sorpresa para buena parte del público, a estas alturas hay dudas sobre cual de los dos equipos fue el mayor responsable del marcador final.


No se trata sólo de imaginar "cosas chingonas", sino también de ejecutar y trabajar adecuadamente para hacerlas realidad. Cito el párrafo de un libro que en primera instancia podría desencajar con el tema, pero va al punto con lo que pienso:

"Seguro, los mentalizó, les hizo pensar que podían ganar. Pero afuera en el campo no pudieron ejecutar. Todas las olas en el mundo significan nada junto a una opción de ataque bien ejecutada. No hay substituto para aprender el maldito juego."

Los resultados de los partidos dependen de una variedad de condiciones, y por lo que vi en mi entorno, muchas personas atribuyeron las victorias pasadas únicamente a la selección. Hoy, después de la derrota, ¿quién quiere irse con un mal recuerdo, quién quiere sentirse mal? No voy a quitar el reconocimiento de los triunfos previos (es gracias a esto que México clasificó, después de todo), pero entonces, ¿no hay nada que aprender del partido de hoy? ¿La selección tiene una posible estrategia para vencer a su próximo rival después de esto? ¿Sólo vale festejar a pesar del desastre, no sólo en la cancha, sino también en el ánimo del equipo técnico?

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Aceptar y encarar el hecho de que la selección perdió hoy debería ser una oportunidad para que el equipo crezca, acepte sus limitantes con humildad (porque de éstas también se aprende, e incluso pueden ser usadas a favor si se manejan adecuadamente), y esté preparado de la mejor forma posible para el próximo encuentro, dentro de su alcance. El único resultado aceptable para seguir en la contienda es una victoria. México no perdió únicamente por su desempeño hoy, varias de las instituciones detrás del futbol mexicano han hecho decisiones cuestionables que son responsables por el resultado. Mientras que no apoyo del todo la visión de Javier Hernández, creo que enjuiciar únicamente a las personas en la cancha por los resultados obtenidos es igual de dañino. No me refiero a juicios críticos que buscan analizar el desempeño del equipo, sino a juicios que tachan y dañan la integridad de las personas, por el simple dolor que sus seguidores sienten.

El próximo lunes conoceremos el futuro de México en este mundial, e independientemente de que no sea la selección que apoyo en mundiales, espero que den lo mejor de sí mismos y puedan librar el próximo reto con dignidad, conscientes de lo que puede suceder. 15 equipos más saldrán la próxima semana con una idea similar en mente, y una óptima ejecución podrá acercar a cada una de ellas a alcanzar su objetivo. No sigo incondicionalmente a la selección mexicana y no apoyo en lo absoluto el nacionalismo, pero sé que están dando su mejor esfuerzo por continuar en el mundial. Mis respetos por haber clasificado a octavos de final contra mi pronóstico personal (el cual ni siquiera es importante para afectar su desempeño, pues es algo meramente subjetivo). Han llegado lejos, y no es fácil con tantas variables en juego, así que sólo queda seguir adelante, y por supuesto, aprender de lo que salió mal hoy.

Imaginar cosas chingonas es increíble, pero se necesita más que eso para alcanzarlas, especialmente cuando el resultado no depende sólo de ti.

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