Cobra Kai: Karate Kid 34 años después

Cobra Kai: Karate Kid 34 años después

Hace un par de semanas, YouTube lanzó la serie inspirada por las películas de Karate Kid, 'Cobra Kai': más allá del factor nostalgia, esta historia presenta un desarrollo de personajes más profundo para los adultos Johnny Lawrence y Daniel Larusso. ¡Te presentamos aquí nuestra reseña!
12 de Mayo, 2018 | Por Néstor García


Karate Kid ha sido desde la década ochentera, un referente para las películas de artes marciales. La primer trilogía de películas fue protagonizada por Daniel Larusso (interpretado por Ralph Macchio), en conjunto y con el entrenamiento recibido por su sensei, el señor Miyagi (interpretado por Pat Morita). Durante estas cintas, vimos la historia desde el punto de vista de Daniel y los muchos problemas que tuvo que enfrentar, en la forma de John Kreese (Martin Kove), Chozen Toguchi (Yuji Okumoto), Terry Silver (Thomas Ian Griffith), o su némesis durante la primera parte, Johnny Lawrence (William Zabka). Cobra Kai decide retomar la rivalidad entre ambos personajes (explorada únicamente en la primer película), enfocándose ahora en la perspectiva de Lawrence, quien lidia con problemas laborales, de alcoholismo, y con crisis existenciales consigo mismo y la gente más cercana a él, además de una frustración inmensa al ver como es que Daniel ha "triunfado" en su vida.

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Durante la primera cinta pudimos ver reflejada ligeramente la perspectiva de Johnny, y con varios videos de años recientes, que proponían la idea de que Daniel era el villano en esta historia, la serie representa la oportunidad de redención perfecta para el personaje. Durante el final de Karate Kid y el inicio de su secuela, pudimos apreciar que Lawrence también era un joven honorable y capaz de respetar a Daniel, sin importar haber sufrido una derrota ante él y a pesar de los problemas que existieron entre ellos. En esta ocasión, la historia se enfoca en mostrar que, a pesar de esos problemas, y contra lo que cualquier de los dos diga, ninguno de los dos ha logrado superar al pasado, bajando del pedestal de chico bueno a Larusso, y otorgando más trasfondo al carácter y las decisiones de Lawrence, generando una verdadera empatía con el público.

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La nueva generación, presentada en esta ocasión por Miguel, Samantha y Robby, presentan una toma similar a la de la película clásica, dejando el manto del maestro en los hombros de Lawrence y Larusso. Llegado cierto punto en la historia (compuesta por 10 capítulos), sentí empatía por todos y cada uno de estos personajes: la serie alcanza un desarrollo emocional tan elaborado, que no puedes más que desear que cada arco argumental cierre de la mejor forma posible para cada uno. Johnny y Daniel van ganando o perdiendo confianza conforme avanza la historia, haciendo que en distintos momentos acudan a recuerdos o personas de su vida, alguien que pueda brindarles un poco de conocimiento y ayuda para las crisis que enfrentan, y en donde queda claro que algo muy importante hace falta en sus vidas: sólo ellos mismos podrán descubrir que es y tratar de alcanzarlo por su propia cuenta, incluso si esto significa colocarse en posiciones más vulnerables y que pueden amenazar todo lo que creían hasta ese momento. Esto sale a relucir especialmente con Lawrence, al reflejar lo que el viejo y el nuevo Cobra Kai están trayendo a la mesa, y aterrándose ante la posibilidad de que, sin desearlo de forma consciente, esté abriendo camino para todo lo que él terminó detestando y temiendo de aquél grupo en los ochentas.

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Daniel y Johnny pudieron crear, en mayor o menor medida, un carácter gracias a sus madres, quienes siempre estuvieron ahí para apoyarlos. Independientemente de las figuras paternas que cada uno tuvo en su vida, esta conexión entre ambos logra brindar una escena bastante emocional, que combina la nostalgia del pasado junto con un buen recuerdo en el presente: la calma antes de la tormenta, un momento que te hace pensar sobre que habría pasado sí algo hubiese sido distinto entre ambos, y hubiesen sido amigos al final.

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Las coreografías de las luchas y los entrenamientos son bastante entretenidos y bien realizados, dejando clara la idea de que ambos personajes principales han heredado varias cualidades de los estilos de Miyagi y Kreese respectivamente; esto quizá no sea lo mejor en ciertos casos, pero brinda muchas oportunidades que los protagonistas podrán tomar en el futuro, para bien o para mal.

La serie también hace mofa de lo políticamente correcto en nuestros tiempos, por lo que podremos ver algunas bromas gracias al choque generacional que existe. Lawrence expone que las cosas no van a resultar como esperas con los demás, por lo que esta corrección no sirve en lo absoluto y tienes que valerte por ti mismo y hacerte más fuerte, sin otorgar importancia a los comentarios destructivos de otras personas; la confianza que ganan sus alumnos al escuchar el mensaje ciertamente deja clara su idea, hasta cierto punto (recomiendo que veas la serie para saber a que me refiero). Escenas como esta brindan el desarrollo perfecto para el personaje, y dejan claro que su actitud y comportamientos nacieron como resultado de muchas situaciones, pero es capaz de seguir adelante y buscar algo importante para él.

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El arco con la nueva generación tiene muchas oportunidades de crecer, y presenta personajes que poco a poco van ganando muchísima fuerza durante la serie. Las similitudes que tienen con los personajes que conocimos durante la primer Karate Kid son claras, pero se atreve a jugar con los roles, cambiando un par de eventos para cada uno que resultan en posibilidades fascinantes de primera mano, puesto que, al igual que sus mentores en aquel entonces, apenas están desarrollando un criterio e ideas propias.

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Cobra Kai es una serie que recomiendo completamente si viste las películas de Karate Kid, especialmente la primera cinta: más allá de las muchas referencias al pasado y a la década de los ochentas, su verdadera fuerza radica en el desarrollo y crecimiento personal de cada uno de los protagonistas centrales, alejándose de los espectros del blanco y negro para dejarlos en una capa de grises, donde podremos ver cómo han crecido desde hace 34 años hasta el día de hoy, en una historia envuelta por esperanza, crueldad, tristeza, determinación y reflexión, otorgando la posibilidad del avance y la redención de estos excelentes personajes.

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