Las voces de Antonio Porchia

Las voces de Antonio Porchia

'El hombre habla de todo y habla de todo como si el conocimiento de todo estuviese todo en él.' Esta noche traemos de vuelta un poco del gran trabajo creado por el poeta ítalo-argentino, Antonio Porchia, directamente de su libro 'Voces'. Te invitamos a leer esta entrada, llena del conocimiento y la reflexión del notable escritor.
05 de Marzo, 2018 | Por Néstor García

Antonio Porchia (13 de noviembre de 1885 - 9 de noviembre de 1968) fue un poeta ítalo-argentino, siendo 'Voces' su único trabajo lanzado al público: un libro de aforismos (máxima o sentencia que se propone como pauta en alguna ciencia o arte), y que es considerado como una obra maestra dentro de la literatura argentina. Puedes descargar una parte de su trabajo en este material de lectura proporcionado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Compartimos a continuación con todos ustedes un poco de su obra, llena de un especial significado y la cual puede darte la oportunidad de conocer su propio horizonte de pensamiento.

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El hombre habla de todo y habla de todo como si el conocimiento de todo estuviese todo en él.

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Sin esa tonta vanidad que es el mostrarnos y que es de todos y de todo, no veríamos nada y no existiría nada.

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Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.

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Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.

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Han dejado de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.

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Y sin ese repetirse eternamente de todo, de sí mismo a sí mismo, a cada instante, todo duraría un instante. Hasta la misma eternidad duraría un instante.

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Hallarás la distancia que te separa de ellos, uniéndote a ellos.

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El mal no lo hacen todos, pero acusa a todos.

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Lo pagado con nuestra vida nunca es caro.

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El hombre, cuando no se lamenta, casi no existe.

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A veces creo que no existe todo lo que veo. Porque todo lo que veo es todo lo que vi. Y todo lo que vi no existe.

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La flor que tienes en tus manos ha nacido hoy y ya tiene tu edad.

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El hombre lo juzga todo desde el minuto presente, sin comprender que sólo juzga un minuto: el minuto presente.

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Porque eres lo mejor, en este mundo, crees que eres lo mejor para este mundo. Nuestras creencias, ¡cómo nos engañan!

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Y si llegaras a hombre, ¿a qué más podrías llegar?

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¿Habría este buscar eterno si lo hallado existiese?

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Más llanto que llorar es ver llorar.

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Todos los soles se esfuerzan en encender tu llama y un microbio la extingue.

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El dolor no nos sigue: camina adelante.

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Quien se queda mucho consigo mismo, se envilece.

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Cuando todo está hecho, las mañanas son tristes.

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El dolor está arriba, no abajo. Y todos creen que el dolor está abajo. Y todos quieren subir.

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No sale de lo malo quien está en él, porque teme encontrarse... con lo malo.

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Sí, es necesario padecer, aun en vano, para no vivir en vano.

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Sólo algunos llegan a nada, porque el trayecto es largo.

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¿Es tanto lo que no sé? ¿Y cómo? ¿Es que alguna vez habré sabido tanto, que es tanto lo que no sé?

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El hombre, cuando sabe que es una cosa cómica, no ríe.

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Estás atado a ellos y no comprendes cómo, porque ellos no están atados a ti.

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Sí, eso es el bien: perdonar el mal. No hay otro bien.

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Te asusta el vacío, ¡y abres más los ojos!

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Cuando no se quiere lo imposible, no se quiere.

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El hombre vive midiendo, y no es medida de nada. Ni de sí mismo.

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El hombre quisiera ser un dios, sin la cruz.

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Cuántos, cansados de mentir, se suicidan en cualquier verdad.

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Mi corazón me duele a mí. Y no debiera dolerme a mí, porque no vive de mí, ni vive para mí.

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Donde se lamentan todos, no se oyen lamentos.

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Quien te quiere, si te quisiera solamente a ti, no podría quererte, porque no sabría como a quién ni como a qué quererte.

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A veces pienso en ganar altura, pero no escalando hombres.

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Un amigo, una flor, una estrella no son nada, si no pones en ellos un amigo, una flor, una estrella.

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Un corazón grande se llena con muy poco.

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Los que dieron sus alas están tristes, de no verlas volar.

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Se puede no deber nada devolviendo la luz al sol.

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Mis cosas totalmente perdidas son aquellas que, al perderlas yo, no las encuentran otros.

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Saber morir cuesta la vida.

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He sido para mí, discípulo y maestro. Y he sido un buen discípulo, pero un mal maestro.

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En el último instante, toda mi vida durará un instante.

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Cuando yo muera, no me veré morir, por primera vez.

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